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Entrada
N° 024
Fecha
7 DE AGOSTO DE 2026
Pilar
Mente
Lectura
4 min
Temporada 01 — Empezar

¿Por qué reacciono como reacciono? Lo que aprendí al descubrir los cuatro temperamentos

Durante mucho tiempo pensé que simplemente tenía un carácter fuerte. Descubrir los cuatro temperamentos me ayudó a entender mejor mis fortalezas, mis debilidades y por qué reacciono de determinada manera. En esta entrada comparto lo que aprendí, un ejercicio práctico para conocerte mejor y el principio bíblico que más me hizo reflexionar.

Mientras mejor me conozco, más fácil es permitir que Dios transforme aquello que todavía necesita cambiar.

Durante mucho tiempo pensé que simplemente tenía un carácter fuerte.

Había situaciones donde reaccionaba demasiado rápido. Quería resolverlo todo. Me desesperaba cuando las cosas iban lentas. Y muchas veces no entendía por qué otras personas reaccionaban de una forma completamente distinta a la mía.

Con el tiempo descubrí algo que llaman los cuatro temperamentos.

No fue una etiqueta. No fue una excusa. Fue una herramienta para conocerme mejor.

Y entendí algo importante: mientras mejor me conozco, más fácil es permitir que Dios transforme aquello que todavía necesita cambiar.

Qué son (y qué no son) los cuatro temperamentos

Antes de entrar en cada uno, quiero aclarar algo.

Esto no es un diagnóstico psicológico ni una excusa para justificar cómo soy. Tampoco reemplaza mi identidad en Cristo, que es lo único que de verdad me define.

Lo que sí hacen es describir tendencias comunes de comportamiento. Formas en las que solemos pensar, sentir y reaccionar. Conocerlas no te encierra en una caja. Te da un lenguaje para entender por qué reaccionas como reaccionas, y por qué la persona de al lado reacciona distinto.

Colérico

Piensa rápido y actúa todavía más rápido. Va directo al problema, sin rodeos, y quiere ver resultados ya.

Ejemplo cotidiano: mientras todos siguen discutiendo qué restaurante elegir, el colérico ya reservó mesa.

Sanguíneo

Piensa en voz alta y actúa dejándose llevar por el entusiasmo del momento.

Ejemplo cotidiano: llega tarde a la reunión porque se puso a hablar con alguien en el pasillo, y aun así todos terminan sonriendo.

Flemático

Piensa con calma y actúa solo cuando es necesario, evitando el conflicto siempre que puede.

Ejemplo cotidiano: es el único que sigue tranquilo cuando todo el grupo entra en pánico por un cambio de planes.

Melancólico

Piensa en profundidad y actúa después de analizar cada detalle, a veces más de la cuenta.

Ejemplo cotidiano: revisa tres veces un mensaje antes de enviarlo, pensando en cómo podría malinterpretarse.

Mi reflexión personal

Cuando me analicé con honestidad, encontré una fuerte tendencia hacia el colérico.

Eso explica muchas cosas de mi vida. Me gusta construir proyectos. Disfruto liderar. Quiero avanzar rápido. Siempre estoy pensando en cómo mejorar un proceso. Me cuesta esperar. Y si soy sincero, a veces quiero que todo el mundo vaya al mismo ritmo que yo, aunque eso no sea justo ni realista.

Descubrir esto no me sirve para justificar mi carácter. Todo lo contrario.

Ahora soy más consciente de aquello que Dios todavía quiere trabajar en mí. La impaciencia que antes llamaba “tener empuje” hoy la reconozco por lo que es. La dificultad para escuchar que antes disfrazaba de “ir al grano” hoy la veo con más claridad. Conocer mi temperamento no me da permiso para quedarme así. Me muestra, con nombre y apellido, qué parte de mi carácter todavía necesita ser formada.

¿Y tú? ¿Con cuál te identificas más?

Te dejo un ejercicio sencillo. Lee los cuatro bloques y marca, en cada uno, las afirmaciones con las que más te identifiques. Al final, mira en qué bloque marcaste más.

Bloque A

Bloque B

Bloque C

Bloque D

Si marcaste más en el Bloque A, probablemente tienes una tendencia colérica. Más en el B, sanguínea. Más en el C, flemática. Más en el D, melancólica.

Y si te identificaste con más de un bloque, tranquilo. Casi nadie es un solo temperamento puro. La mayoría somos una combinación, con uno que suele predominar.

Lo que de verdad importa

Conocer tu temperamento no cambia tu vida.

Pero conocerte sí puede cambiar la manera en que amas, lideras, trabajas, respondes a los problemas y permites que Dios transforme tu carácter.

“Examínense para ver si su fe es genuina. Pónganse a prueba. Seguramente saben que Jesucristo está entre ustedes; de no ser así, ustedes habrán reprobado la prueba de una fe genuina.” — 2 Corintios 13:5 (NTV)

Pablo no estaba pidiendo un examen de personalidad. Pedía algo más profundo: mirarnos con honestidad para ver si Cristo realmente está formando nuestro carácter, no solo nuestras creencias. Conocer mi temperamento fue, para mí, una forma concreta de empezar a hacer exactamente eso.

Principio
El autoconocimiento no es el destino; es el punto de partida para la transformación. Dios no solo quiere cambiar lo que hacemos, sino formar nuestro carácter desde adentro.