Hay noches que terminan cuando uno llega a casa.
Y hay otras que siguen dando vueltas en la mente mucho después de apagar las luces.
Esta fue una de esas noches.
Hoy tuve el privilegio de servir en FreeLife, la reunión de jóvenes de mi Iglesia CPN Valencia. El tema de la noche era sencillo, pero profundamente intencional: conversaciones con propósito.
Las mismas preguntas, corazones diferentes
La dinámica de la noche fue diferente. Nos sentamos alrededor de varias mesas y todas comenzaron con las mismas preguntas. Lo sorprendente fue ver cómo una misma pregunta podía generar conversaciones completamente distintas. Cada joven llegaba con su propia historia, sus luchas, sus experiencias y su manera de entender la vida. Eso hizo que cada mesa tuviera una riqueza especial y nos recordara que, aunque las preguntas sean las mismas, Dios habla a cada corazón de una forma personal.
Mientras caminaba entre las mesas veía conversaciones completamente diferentes. En una hablaban sobre la Trinidad. En otra intentaban responder quién es realmente el Espíritu Santo. Más adelante alguien preguntaba cómo saber si una relación viene de Dios. Otra mesa hablaba del propósito, del trabajo y de las finanzas. Y en otra se trataban temas que pocas veces se hablan con naturalidad dentro de la iglesia, como la pornografía y la inmoralidad sexual.
Detrás de cada pregunta hay una historia
Lo más bonito de la noche no fueron las respuestas. Fueron las preguntas. Porque detrás de cada una había una historia.
Detrás de “¿Quién soy en Dios?” probablemente había alguien luchando con su identidad. Detrás de “¿Cómo sentir la presencia del Espíritu Santo?” podía haber un joven que simplemente quería conocer más a Dios. Detrás de “¿Cómo sé si estoy preparado para una relación?” quizás había alguien con miedo a volver a equivocarse. Y detrás de “¿Cómo puedo vencer el pecado?” seguramente había una batalla que llevaba mucho tiempo ocurriendo en silencio.
Eso me hizo pensar en algo. Muchas veces creemos que el ministerio consiste en hablar. Pero hoy recordé que muchas veces comienza escuchando.
Escuchar también es amar. Escuchar también es servir. Escuchar también puede ser una forma de mostrar a Cristo.
Lo que Dios me estaba enseñando a mí
Mientras observaba las conversaciones, sentí que Dios también estaba teniendo una conmigo. Porque aquellas preguntas no solo estaban formando a los jóvenes. También me estaban formando a mí.
Me hicieron recordar la enorme responsabilidad que existe cuando alguien deposita una pregunta en tus manos. No podemos responder desde nuestras opiniones. No podemos hablar únicamente desde nuestra experiencia. Necesitamos conocer la Palabra. Necesitamos depender del Espíritu Santo. Y, sobre todo, necesitamos vivir aquello que enseñamos.
Hoy entendí que todavía tengo mucho por aprender. Todavía hay capítulos de la Biblia que debo estudiar con más profundidad. Todavía necesito crecer en carácter. Todavía necesito parecerme más a Jesús.
Pero también entendí algo que me dio mucha paz. Dios no espera que sea perfecto para empezar a usarme. Solo espera un corazón dispuesto a seguir aprendiendo.
Gratitud y responsabilidad
Al salir de FreeLife, sentí una mezcla de gratitud y responsabilidad. Gratitud porque Dios me permite formar parte de lo que está haciendo entre los jóvenes de mi Iglesia CPN Valencia. Y responsabilidad porque cada conversación puede convertirse en una oportunidad para acercar a alguien a Cristo.
Quizás para muchas personas esta solo fue una reunión más. Para mí fue un recordatorio. Un recordatorio de que las preguntas importan. De que las personas importan. De que escuchar importa. Y de que Dios puede utilizar una conversación alrededor de una mesa para comenzar a transformar una vida.
No sé cuántas reuniones como esta viviré en los próximos años. Pero sí sé una cosa. Quiero seguir llegando con una Biblia abierta, un corazón humilde y la disposición de aprender tanto como de servir.
Porque al final, el verdadero liderazgo no consiste en tener siempre la respuesta correcta. Consiste en caminar con las personas hasta que ellas mismas descubran que la respuesta siempre ha sido Jesús.
“En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza que tienen como creyentes, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.” — 1 Pedro 3:15 (NTV)